martes, 22 de septiembre de 2009

Huida..

...bajo las gotas de plomo.

Y entonces se preguntó donde podría encontrar un antro como ese, un tugurio donde encerrarse y refugiarse de las atrocidades del pueblo, aquellas que auquejan a cualquier buen tipo que desconoce las técnicas de supervivencia violentas, institivas de los otros hombres”.

lunes, 17 de agosto de 2009

Vuelco

Si tantos años de búsquedas y resentimiento habían sido en vano, entonces Jorge (o Benjamín) no sabía todo aquello que era capaz de producir en la vida de los otros. Ricardo, haya representado el personaje que fuere, no deja de actuar lo que muchos tememos. A mi entender, toda su obra lo redime de la posibilidad de fracaso y "temor" que pueda llegar a sentir, pero aunque no salva los años inútiles de otros, despierta ánimos y entusiasmo o sed de lucha en terceros que si somos capaces de no arrepentirnos todavía. Teniendo todo el camino por delante, sólo nos queda animarnos a confrontar y romper esquemas que nosotros mismos vamos construyendo. Y así quizá alguna vez esta tierra se desequilibre más de lo que está ahora, para bien.

miércoles, 8 de julio de 2009

Bajo este suelo...

El joven asciende desesperadamente en busca de oxígeno. Sus brazos y piernas están agotados, pero sigue revoleándolos en distintas direcciones para vencer la fuerza que le imprime el material viscoso de realidad que lo rodea. Sus patadas a la nada son como fuertes golpes a un rostro destruido que no deja de resistir, con pocas pero robustas manos que empujan sus facciones para hacerlas más y más repugnantes. Sus brazadas violentas, descontroladas, son reflejo de su pánico, a tiempo que siente tocar a esa masa asquerosa en cada uno de sus movimientos, retirándo sus miembros de inmediato para arremeter nuevamente.

El muchacho seguirá inmerso en esa porquería, ya que nunca juntará las fuerzas para impulsarse y escapar. Lamentamos informar, que el deceso no se producirá jamás, siendo el joven uno de los tantos, innumerables resistentes "sin rostro" que no se darán por vencidos, aún cuando todas sus fuerzas se consuman, aún cuando no exista física que justifique su resistencia, uno de los tantos que bajo el asqueroso manto de la mentirosa realidad, aportará su importantísima existencia a la causa de la resistencia, elevando un poco más ese manto, rasgando más ese velo con sus uñas ensangrentadas, hasta que algún día, bajo el nombre de alguno de ellos, bajo un nombre simbólico y universal (como Ernesto), ese objetivo se consagre.

Allí será cuando todas las bestias que escupen sus entrañas sobre el manto para hacerlo más grueso e impenetrable dirijan su vómito al reconocido abanderado, y sin darse cuenta permitan que a sus espaldas, agradeciendo por siempre a quien pudo mostrar su rostro curtido, los invisibles rompan la superficie, generando un orificio que por la fuerza natural de quienes siguen allí abajo, se agrandará infinitamente, consumiento el suelo, dando lugar a un cielo infinito que caerá sobre los opresores junto con la inmensa marea de hombres libres que poblarán ese vacío.

viernes, 24 de abril de 2009

Contemplación


Nada te impide volar, criatura emplumada. Sin embargo, te detenés en la contemplación de los locos que vagan y divagan en la plazoleta. Los perros que te rodean no se fijan en tu existencia, pierden noción de sus alrededores para continuar en esta paranoica escena de cotidianeidad. A pocas cuadras, una mujer llora, arrastrando su vigilia en el terreno empedrado de la desesperanza. En las mismas inmediaciones de la plaza, más de dos mil personas estudian intereses en conflicto, valores contrapuestos, falsos tecnicismos. En los edificios circundantes hay cadáveres abiertos, esperando precisas puntadas que los devuelvan a la vida.

Al frente una pareja se besa, incansable, al reparo de una estatua. No parecen tener preocupaciones, se pierden en un lapsus similar al tuyo, paloma. A tu derecha, una señora medita, con la mirada fija en el bronce oxidado de la estatua. A la izquierda un joven inquieto te enfoca con su cámara, creyendo que no lo percibís. Detrás tuyo oís dos muchachas jugueteando con su perro, riéndose como si estuvieran solas en ese recóndito rincón verde en el pulmón de hormigón urbano. Por debajo está el túnel subterráneo, y aunque todos crean que pisan firme, un día ese suelo estará tajeado y dejará de separar a las bestias ocultas que se esconden en los vagones, con las criaturas libres que vagan en la superficie. Hacia arriba el cielo, un cielo celeste y puro, vigoroso. De cuando en cuando pasan otras aves, observando el escenario desde otro panorama. No advierten tus señas, paloma, no les llama la atención.

Los colectivos aceleran, liberando nubes negras que se dispersan en el espacio libre que conserva la gran urbe. Las motos, locas, se introducen en los pequeños recovecos que dejan los autos. Las bocinas devuelven a la paloma a la realidad, que gira sobre sí misma, repasa el cuadro aterrador y despliega sus alas, para flotar en el vacío, aún temerosa de la esquizofrénica pesadilla que acaba de contemplar.

martes, 14 de abril de 2009

Si todo sigue igual...


Anselmo conoce de sobra estas tierras para darse cuenta que no han habido cambios significativos, o en realidad, no han habido cambios. Anselmo considera seriamente en lo que sería tocar fondo, el momento en que observe que sus manos ya no llegan a ese borde que antes le permitía salir del agujero. Cuando su mirada no llegue a vislumbrar ese haz tenue de esperanza que le daba la certeza de tener una segunda opción. Cuando ya no pueda elegir entre la opresión o la libertad, será cuando Anselmo perciba que ha perdido su oportunidad, que por no volcarse de lleno a intentarla cuando aún podía, ahora estará condenado a permanecer en ese agujero, el agujero del derrotismo y el fracaso.

Su corazón aún existe, sus palabras aún vibran con sus latidos al abandonar sus labios, para no volver. Aún existe, pero está en franca deserción, con cada latido se pierde un pequeño halo de vida imprescindible para seguir. Su corazón se interna aún más en las tinieblas de sus entrañas, apagándose lentamente. Anselmo hoy piensa que no ha dejado sucesores para ese vasto imperio de misterios existenciales, para ese mundo entero de colores alegres, de grises, para ese inmensa nebulosa de sonidos balcánicos y tropicales. Hoy Anselmo desearía tener una hija, una cómplice de sus crímenes de amor. Hoy Anselmo es más Anselmito que nunca, hoy se siente pequeño, inútilmente destruido, se siente fracasado y antiguo, se siente condenadito.

Jamás encontrará Anselmito la salvación a su contradictorio romanticismo, nunca encontrará solución a su timidez sin recurrir a la estupidez. La hiena que comió su libertad acabará con sus vanos sentidos desmantelados y lo dejará deshacerse eternamente, sus cenizas recorrerán campos de vida y fertilizarán los cultivos de la ignorancia, impregnando de derrota y mala leche a sus asesinos, concretando su venganza.

lunes, 30 de marzo de 2009

La langosta gris y otras criaturas.

Una criatura arrastrada por la ráfaga de viento del sur que roza suavemente la superficie a su veloz paso por el suelo árido y resquebrajado. Una criatura a cuyos días de vida les ha faltado mucho color. Una criatura que desea ser verde chillón y sin embargo se confunde en la triste escala de grises. Una criatura que se asemeja a un montoncito de ceniza, que viaja a través de la brisa.

Un grupo de enfermizas calabazas azules que se burlan de la langosta gris resguardadas por la dulce sombra cómplice del árbol de naranjas amarillas. Un montón de tomates amarillos que señalan con el tallo a aquél gato feroz que les arrancará sus semillas.

Una luna pequeña, del tamaño de la bola ocho de pool, del color amarillento del papel antigüo. Un pacífico chancho tirado contra el muro de adoquines silvando una melodía arrabalera inconfundiblemente porteña. A su lado, un perro vagabundo con un rostro muy fácil de olvidar.

Un cielo dorado, una bóveda de cobre machucado que cubre a esta burbuja de la lluvia torrencial de realidades que inunda el valle inmaculado de la mentira. Una mentira que se empeña en ser el mundo real, aquél que dice albergar a todos, sin distinción de "cualidades o accidentes". Aquél mundo hipócrita que no vacila a la hora de decidir la muerte de esos seres que le dan vida a este relato.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Mística natural.

Una Barcelona otoñal con un cielo dorado y calles de betún. Una calle con casas de adobe, el sendero adoquinado. Una chica que se apoya en el marco de la ventana de su casa con medio cuerpo afuera, mirando cómo las hojas secas se arrastran y se frenan, se arrastran y se frenan, como quedan trabadas en los adoquines, se destraban, se elevan pulgadas, bajan, mueren. Pasa un muchacho atento de no pisar ninguna hoja, como si fueran pequeñas criaturitas vivas, esquivando manadas de hojas secas que se levantan y se chocan en sus alpargatas.

(Una mirada, una mano extendida que invita a danzar entre la brisa templada)

Sus cuerpos se mezclan entre si, con el viento y con el sudor, se forma un clima calido, con roces. La pasion se desata entre medio del baile. Se siguen los pasos perfectamente. Como si estuviera ensayado.

Los pasos aceleran, no hay música pero siguen un ritmo. Las miradas profundas los guían, dos absolutos desconocidos, unidos por el atardecer. Se comienzan a escuchar palmas flamencas de aquellas muchachas enamoradizas que se asoman de los balcones abandonados. La conexión se acentúa, se abstraen del suelo adoquinado, se transportan a la bóveda amarillenta que reemplaza el cielo. Las palmas se oyen como latidos, internos, amortiguados por sus firmes pasos de cigarra. El sudor se mezcla, como lágrimas de pasión que se pierden entre los románticos que se acercan a apreciar ese designio de la naturaleza mística.

No hay sonido. Solo los tacos y las palmas que componen un ritmo acalorado.

Por,
Anselmito y Lo Artesanal.

domingo, 22 de marzo de 2009

Puertito Don Anselmo

Don Anselmo hoy no ha ido al muelle, desconcierta su destino errante, el puertito amaneció desierto, falta su caña de sueños flotantes.

La gente del bar se asoma por las ventanas sofocadas, observa el paso torpe y bizarro de Anselmo con su caña de sueños flotantes. Todos saben que después de esperar el paso de los camiones por la Avenida de la Trucha para poder cruzar, advertirá, ya con un pie en el charco, que ha olvidado su desvencijada bicicleta en el muelle derruido. Música serbia de trompetas lo acompaña tropezando con sus inmanejables piernas quebradizas. La caña le llega a los hombros, y le permite pescar a distancia medianas criaturas deprimidas, que vagan en busca de la redención alrededor de los postes que sostienen el muelle, esperando que Anselmito las rescate de su tedioso destino inmenso e interminable. Pero cuando los violines no resuenan en el bar del puerto, inundando de música aquel vacío cubierto de hondas aguas azules, Anselmito deja llevar su alma por la brisa moldava y, húmeda de sus pensamientos, transporta su pesar bajo las tristes gotas del ser y libera sus ansias, trascendiendo el umbral de la realidad. Mientras sueña con el regreso de su padre de aquellas tierras desiertas de esperanza y atestadas de una soledad inconmensurable, sus colores se pierden en un acordeón gastado que lo acompaña colgando de su hombro. Cuando despierta de esos sueños infinitos, observa el cielo, convencido de que nunca dejará de sonar el último latido de su acordeón, y olvidando el destino de las criaturas que lo protegen, corta la tanza de su caña en un intento de simbolizar su libertad y deja caer la plomada y el anzuelo hacia las profundidades de la ribera. Las truchas, ya acostumbradas a este ritual incomprensible, observan caer a pique la plomada sobre un pequeño cúmulo de otras ya erosionadas y comprenden que ya es mediodía. Seguirán vagando en las inmensidades, con una mínima esperanza de que Anselmo las libere de su penoso vacío al amanecer el próximo día.

Pero desde el bar no ven detenerse a Anselmo para recuperar su bicicleta, y sospechan lo peor, ya que Anselmo observa el suelo, abstraído de la bóveda celeste que lo protege en su cárcel de infelicidad y esperanza. La vida está cambiando en este recóndito rincón del universo, todos lo advierten al dejar de tocar sus violines y dirigir su mirada al muelle, donde reposa apaciblemente la oxidada bicicleta de ruedas infinitas. Sólo las truchas han notado que ese día ninguna plomada ha ido a reposar en el histórico cúmulo ritual, y que la redención que tanto anhelaban, nunca habrá de arribar a sus aguas vacías.

martes, 11 de noviembre de 2008

Destinatario.

Las palabras dicen mucho, cómo entender los mensajes de los cuales no somos partícipes. Las palabras te condenan, uno se hace responsable. Las acciones son producto de las sensaciones, las palabras producen sensaciones. Una palabra provocará, indefectiblemente, una acción. Si se esperan acciones de este autor, se requerirá hablarle. Lo inoperante es también silencioso. Lo profundo puede ser silencioso también, pero afectando otros sentidos, la mirada refleja las palabras que brotan de los ojos. Los sonidos, tenues, son voces que gritan advirtiendo.


¿Es mi persona destinataria de aquellos colores? ¿Son aquellas palabras enervadas para mis oídos? ¿Ha cambiado algo desde aquel recuerdo de mi pasado? ¿En qué condiciones actuará mi voluntad?

Sólo pido dos letras como respuesta, una consonante, una vocal.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Ocaso

Voy en la misma dirección que el ocaso, sin sorpresas. Presumo que llegaré antes que él, pueso que mientras él requiere de todo un día para arribar a destino, a mí con una vida me basta. Hoy soy tan libre como el ocaso. Los colores no me ahuyentan, más bien yo acudo en su asfixia. Mi existencia se limita al día, con un alba tenue, una mañana flagrante, un atardecer incipiente y una eterna tiniebla. Hoy me consumo en esa tiniebla lejana. Absorvo sonidos y esperanza, absorvo el cielo infinito.

El cuarto día de la semana va terminando. Queda un día más y dos días más largos. Es otoño, los frutos maduran. Las lágrimas pegan sobre la superficie de metal recalentado por el sol. En poco tiempo se evaporarán, y a través de la nube viajarán hasta muy lejos, para regar el suelo de una vid. Cuando broten las uvas, el otoño las pisará, en el sexto día tomaré su vino, preparándome para un nuevo ocaso. Al séptimo día todo será penumbra, eterna.

Hoy, con una canción moldava de mi amigo Emir, renazco y muero repentina y repetidamente. ¿Cómo seguirá la semana? La tiniebla no tiene límite. Un atardecer cargado de dolor y sonidos me arrastra a una ciénaga profunda, ojalá te encuentre en ese torbellino de pudor. Una sonrisa aplacada por el llanto del saxo amarga tu mirada, enturbia tus sentidos. Un cosquilleo en la nuca me impide dejar de mirarte, mientras el sonido brota sin ningún esfuerzo. Todo se desliza como una seda onírica. También todo se diluye, en la penumbra de mis sueños.

La brisa desvanece toda realidad posible, a partir de arfiles inútiles que secuestran a la reina. El jinete busca enfrentar al arfil, pero los peones lo retienen. El jinete abandona el tablero, convencido de que esa realidad es absurda, y no debe comprometerlo. El jinete muere sólo, abandonado en un desierto, luego de haber pasado, en vano, por tableros de damas y backgammon. Un jugador arrepentido retira al jinete de la escena y lo introduce, convalesciente, en un juego de barajas. Para comprobar su suerte, el jinete se posa azarosamente sobre distintos pilones de naipes, produciendo la victoria de quienes lo observan. Finalmente, confundido, el jinete se arroja al vacío, saltando del borde de la mesa gastada para estrellarse inútilmente en una baldosa milenaria, la cual guarda el recuerdo de otros jinetes suicidas.